domingo, 3 de junio de 2012

ECONOMÍA: Curso de Economía Política (clase 4): La teoría marxista de la explotación capitalista

La teoría del valor-trabajo

- En su análisis de la mercancía Marx busca ese “algo común” a todas las mercancías que explica su valor de cambio. Excluye de su examen a los bienes naturales por no ser productos del trabajo y descarta que el “algo común” buscado sea la utilidad porque esta depende de las propiedades específicas de cada mercancía.
- De este modo, sólo queda algo común a todas las mercancías: ser productos del trabajo. Por tanto, es sólo la cantidad (el tiempo) de trabajo socialmente necesario invertido en la producción de una mercancía lo que determina su valor.

La plusvalía

- De acuerdo con Marx, las mercancías se intercambian en el mercado en correspondencia con la cantidad de trabajo que llevan incorporado, es decir, por su valor. Por tanto, el origen de la ganancia capitalista no se encuentra en el intercambio y, en consecuencia, hay que buscarla en la esfera de la producción.
- Como el valor de los bienes producidos viene dado únicamente por el factor trabajo tenemos que todo este valor es producido por el obrero. Pero el obrero no recibe el producto íntegro de su trabajo sino tan sólo el salario mínimo de subsistencia. De este modo, se crea un excedente entre lo que vale el bien producido por el trabajo del obrero y la retribución que se le paga. Este excedente es apropiado por el capitalista y se conoce con el nombre de “plusvalía”.

La jornada laboral

- A partir del concepto de plusvalía Marx infiere que la jornada de trabajo se divide en dos: tiempo de trabajo necesario (en que el obrero produce el valor equivalente a sus medios de subsistencia, es decir, su salario) y tiempo de trabajo excedente (en que el obrero produce el valor que será apropiado por el capitalista, es decir, la plusvalía.
- El desarrollo de la moderna industria trae como consecuencia inevitable el alargamiento de la jornada laboral porque, mientras las máquinas permanezcan inactivas, el capital no está siendo productivo.

La plusvalía absoluta y la plusvalía relativa

- La plusvalía absoluta es la obtenida mediante la prolongación de la jornada de trabajo.
- La plusvalía relativa es aquella que surge a consecuencia de disminuir el tiempo de trabajo necesario y de aumentar correspondientemente el tiempo de trabajo adicional como resultado del crecimiento de la productividad del trabajo.

jueves, 26 de abril de 2012

ECONOMÍA: Curso de Economía Política (clase 3): La teoría marxista de la mercancía, el dinero, el intercambio y el capital


El análisis de la mercancía

- Marx distingue dos tipos de valor en la mercancía: el valor de uso (utilidad) y el valor de cambio (precio).
- En el proceso de intercambio pareciera que las mercancías tienen valor por sí mismas independientemente del proceso social mediante el cual fueron producidas, esto es lo que Marx llamó “fetichismo de la mercancía”.

El proceso de intercambio y el dinero

- Según Marx, si las cosas son intercambiables es porque sus respectivos poseedores deciden enajenarlas recíprocamente.
- Cuando ese proceso de repite continuamente se hace necesario que cada poseedor reserve un parte de los productos del trabajo para intercambiarlos. De este modo, se escinde la utilidad de las cosas para las necesidades inmediatas y su utilidad con vistas al intercambio y, en consecuencia, el valor de uso y el valor de cambio de las cosas.
- El dinero surge porque, para que pueda darse el intercambio, es necesario comparar las cosas intercambiables entre sí. Pero esto sólo es posible de modo consistente si es que se las remite a una tercera, que sea universal y siempre la misma.

La transformación del dinero en capital

- El ciclo M-D-M` parte de una mercancía para intercambiarla y termina en otra, para consumirla. El ciclo D-M-D` parte del dinero para comprar una mercancía, la que a su vez se transformará de nuevo en dinero para ser vendida. El primer ciclo tiene como fin el valor de uso y el segundo, el valor de cambio. Es en este último que se forma el capital que podemos definir como “riqueza para producir más riqueza”.
- En un sistema capitalista, para la transformación del dinero en capital, es necesario que el poseedor del dinero (el capitalista) encuentre en el mercado de mercancías al obrero desposeído de los medios de producción y poseedor de su fuerza de trabajo para enajenarla en beneficio del capital.



jueves, 19 de abril de 2012

ECONOMÍA: Curso de Economía Política (clase 2): La concepción marxista de la historia

La dialéctica hegeliana

-La “dialéctica” es un sistema de pensamiento que entiende la realidad como una progresión en la que cada movimiento sucesivo surge como solución (“síntesis”) de las contradicciones inherentes al movimiento anterior (“tesis” y “antítesis”).
- Fue formalizada y llevada a su máximo auge por el filósofo idealista alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, aunque encuentra sus antecedentes más remotos en el filósofo griego Heráclito.
- Para Hegel, la Historia es aquel desarrollo dialéctico en el cual el “Espíritu Absoluto” (Dios) toma cada vez más y más conciencia de sí mismo, siendo que el contenido de esa conciencia viene dado por las sucesivas concepciones que de sí mismas tienen las filosofías, culturas y ordenamientos políticos más elevados.

El materialismo marxista

- En su análisis de estructura social Marx sostiene que las relaciones sociales de producción (infraestructura) son la base sobre la que se levanta la superestructura política, jurídica e ideológica de la sociedad; siendo que el modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general.
- Define al Estado como “el comité de secretarios de la clase dominante”, a las leyes y la moral como “meros prejuicios burgueses” y a la religión como “el opio del pueblo”.

El materialismo dialéctico

- Marx adopta la dialéctica de Hegel como explicación de la Historia, pero “la vuelve de cabeza” poniendo a la materia (las estructuras económicas) en lugar del espíritu (las culturas).
- Las estructuras sociales desaparecen y son reemplazadas por otras nuevas en la medida en que el desarrollo de las fuerzas productivas entra en contradicción con las relaciones sociales de producción existente.
- En este sentido la historia de la humanidad está constituida por la historia de la lucha de clases.
- Las formaciones histórico-sociales que postula el materialismo dialéctico son: esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo y, finalmente, comunismo. 

viernes, 6 de abril de 2012

ECONOMÍA: Curso de Economía Política (clase 1): La antropología marxista


A continuación, el resumen de las clases del curso Economía Política que me encuentro dictando en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.


El “Marx adolescente” y su antropología teísta

- Antes de su entrada a la Universidad Marx se tomaba muy en serio su Cristianismo.
- Cuando tenía dieciséis años (1834), en un trabajo escolar de libre elección escribió un titulado Sobre la unión de los fieles con Cristo en el que, basándose en la parábola La Vid y los Sarmientos (Juan 15:1-14), sostiene que el hombre sólo puede alcanzar los fines para los que Dios le ha creado estando en unión con Cristo.
- Un año después (1835) escribe un ensayo titulado Reflexiones de un joven ante la elección de profesión en el que plantea que el hombre sólo se realiza a sí mismo en el servicio a los demás.

El “Marx joven” y su antropología humanista

- Marx abandona su Cristianismo por causa de las lecturas liberales de las que le proveía el barón Ludwig von Westphalen (padre de la joven Jenny de la cual él estaba enamorado y que luego será su esposa), su amistad con los hegelianos de izquierda (que eran ateos) y la vida licenciosa que llevó durante sus años de universidad.
- Proclama su ateísmo ya en la introducción de su tesis doctoral (Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro, 1841) y critica a la religión en el famoso prefacio de su Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel (1843).
- Pone al hombre autónomo (sin Dios) en la centralidad y el problema que más le preocupa es el de la alienación que sufre éste en el proceso de trabajo.

El “Marx maduro” y su antropología materialista

- De acuerdo con Louis Althusser entre 1844 y 1845 se produce en Marx un “corte epistemológico”, a partir del cual deja de lado su perspectiva “ideológica” inicial y se aboca a una crítica “científica” del capitalismo.
- Es importante en esta ruptura  epistemológica su relación con Engels (también materialista), a quien conoció en 1844.
- Define al hombre como un producto del medio social y de sus condiciones materiales de existencia, como puede verse claramente en La ideología alemana, que escribe con Engels en 1845 y el famoso prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política (1859).

miércoles, 22 de febrero de 2012

FILOSOFÍA: ¿Es eterna la materia? (Parte IV): Algo más allá de la materia


En realidad los científicos no sólo han probado la no-eternidad de la materia sino que incluso algunos van más allá, llegando a afirmar que existe algo más allá de la materia. Confesaba Allan Sandage, reconocido astrónomo: “Fueron mis conocimientos científicos los que me llevaron a concluir que el mundo presenta complicaciones mucho mayores que las que logra esclarecer la ciencia. Sólo puedo entender el misterio de la existencia recurriendo al elemento sobrenatural”. Y es que la ciencia se limita a responder cómo funcionan las cosas, pero no por qué ni para qué. Y es por ello que agregaba: “Opino que es muy improbable que tanto orden y concierto en el Universo surgiera del caos. Tiene que haber un principio del orden. Dios es para mí un misterio, pero constituye la explicación del milagro de la existencia, el por qué de las cosas”.

Como decía Lord Kelvin uno de los descubridores de la electricidad: “Mientras más a fondo estudia uno la ciencia, más se aleja de cualquier concepto que se aproxime al ateísmo”. Y en efecto, Albert Einstein, uno de los mayores físicos y matemáticos de la historia, era creyente. Afirmaba que “el hombre de ciencia debe ser profundamente religioso” y que “Dios está detrás de cada puerta que abre la ciencia”. Y eso sólo por citar un ejemplo, porque en realidad es enorme la multitud de científicos creyentes a lo largo de la historia: “Aunque no hubiese otra prueba, simplemente con el pulgar me convencería de la existencia de Dios” (Isaac Newton); “Me conmueve mucho ver que la prueba a favor de la creación está tan claramente impresa en todo lo que nos rodea: las rocas, el cielo, las ondas de radio y las leyes más fundamentales de la física” (Jhon O´Keefe, científico de la NASA), “El cosmos es un lugar creado, a mi juicio, por la mano de Dios” (David Block, astrónomo y matemático”); “en nuestro estudio de los objetos naturales estamos analizando los pensamientos del Creador, familiarizándonos con sus ideas e interpretando un sistema que le pertenece a Él, no a nosotros” (Louis Agassiz, biólogo estadounidense y catedrático de Harvard).

Así pues, es falso ese conflicto que se plantea entre ciencia y religión, la una necesita de la otra. Como decía nuevamente Einstein: “La ciencia sin religión es coja, la religión sin ciencia es ciega”. En realidad, tal como afirma Enrique Hernández, profesor de Física de la UNAM: “La brecha que separa los distintos tipos de conocimiento (científico y religioso) es artificial. El conocimiento acerca del Creador y el conocimiento de la creación están íntimamente ligados”. Un dato anecdótico: George Lemaître además de ser el primero en formular la teoría del Big Bang, era también sacerdote, y decía: “Había dos vías para llegar a la verdad, decidí seguir ambas (...) Nada en mi trabajo, nada de lo que aprendí en mis estudios científicos o religiosos me hizo modificar este punto de vista. No tengo que superar ningún conflicto. La ciencia no quebrantó mi fe y la religión nunca me llevó a interrogarme sobre las conclusiones a las que llegaba por el método científico”.

Como vemos, la misma ciencia nos lleva a la idea de algo más allá de la materia: Dios. Y es justamente en Dios donde están todas las respuestas a las preguntas que en verdad nos interesan y que son trascendentales para nuestra vida. Como podrás darte cuenta a lo largo de este artículo no he citado la Biblia ni una sola vez (ya que si lo hubiera hecho ni siquiera lo leerías y me lo tirarías por la cara), sólo me he basado en la ciencia, la filosofía y el sentido común. Pero, a la luz de toda esta evidencia, ¿no deberíamos pensar en la posibilidad de abrirnos al misterio, a lo sobrenatural, a aquello “más allá de la materia”?, ¿no deberíamos  acaso acercarnos más a Dios y conocerlo? Y, ¿qué mejor lugar para conocer a Dios que la Biblia? Por ello te pido que de una vez dejes de lado todos tus prejuicios sobre Dios y la religión y lo busques con todo tu corazón. Termino este artículo dejándote con una frase de Pascal: “No hay más que dos clases de personas a las que se puede llamar razonables: aquellos que sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen; y aquellos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no lo conocen”. 

FILOSOFÍA: ¿Es eterna la materia? (Parte III): Pruebas científicas de la no-eternidad de la materia

En el apartado anterior habíamos probado la imposibilidad filosófica de la eternidad de la materia, pero aún no nos hemos adentrado en el campo de la ciencia. En realidad la ciencia no sólo no ha podido comprobar la eternidad de la materia, sino que ha comprobado la no-eternidad de la materia: “El pretendido principio de la eternidad de la materia, está en abierta contradicción con los resultados que nos ofrece la ciencia moderna . El que quiera estar de acuerdo con los últimos descubrimientos científicos que señalan una edad en la existencia de la materia, no tiene más remedio que negar la eternidad de la materia, pues las pruebas que los científicos aducen son concluyentes” (José Ciurana, “Fin del materialismo ateo”, 1974). Usemos el sentido común (que muchas veces es el menos común de los sentidos): si en verdad la ciencia hubiera podido demostrar con pruebas contundentes e irrefutables la eternidad de la materia, excluyendo así a Dios de la creación, ¿no se habría difundido ya está noticia por todas partes del mundo?, ¿no lo proclamarían por todas partes los hombres de ciencia? En realidad no han sido los científicos quienes han difundido el ateísmo y la idea de la eternidad de la materia, sino todo lo contrario, tal como decía Henry Margenau, doctor en Física de la Universidad de Yale: “Entre los científicos de primerísima categoría se encuentran muy pocos ateos”. Los que han difundido éstas ideas han sido los materialistas, ateos y marxistas; y si han habido científicos que han pretendido justificar la eternidad del universo para así desplazar a Dios lo han hecho no por convicciones científicas, sino por prejuicios ateos o materialistas. Es por ello que comentaba el reconocido físico y astrónomo británico, Stephen Hawking: “A muchos científicos no les agradó la idea de que el Universo haya tenido un comienzo, un momento de creación”.

Son muchas las teorías y pruebas que nos ofrece la ciencia para poder afirmar que la materia no es eterna. Una de las más aceptadas y contundentes es la Teoría del Big Bang, según la cual el Universo tuvo su inicio hace aproximadamente 15 000 millones de años. De este modo, el Universo o puede ser eterno sino que ha sido creado: el Big Bang es el grito del Universo al nacer. Ya en 1984 se leía en la revista “Mundo Científico”: “La teoría de que el Universo nació en una gigantesca explosión o Big-Bang, ya no es una simple hipótesis académica, cada vez se hace más difícil prescindir de ella si se quiere dar cuenta de las propiedades fundamentales del Universo como hoy se observa. El extraordinario éxito de la teoría del Big-Bang está relacionado con su poder de predicción y con las brillantes confirmaciones que las observaciones han aportado a sus predicciones”. Hoy en día es una teoría aceptada por casi todos los científicos, debido a que es la única que ofrece evidencias verdaderamente sólidas. Confesaba Phillip Morrison, reconocido astrónomo, en una intervención ante la BBC de Londres: “Me gustaría poder rechazar la teoría del Big Bang, pero tengo que rendirme ante la evidencia”. Y así es, a la luz de las evidencias, todas las teorías alternativas sobre el rigen del Universo han sido descartadas, menos la del Big Bang. Reportaba el diario ABC de Madrid refiriéndose al satélite COBE: “Las observaciones del satélite COBE indican que no hay una teoría alternativa al Big Bang sobre el origen del Universo” (9 de enero de 1993). Aún más, la continua degradación de la energía, expresada en la ley de la entropía ha hecho que los científicos abandonen la teoría del Universo pendular, pulsante, oscilante o cíclico.  Y así lo decía Jean E. Charon, científico francés: “No hay evolución cíclica. La evolución del Universo es lineal”.

Otra de las pruebas científicas que demuestran la no-eternidad de la materia es la transformación de unos elementos radioactivos en otros. Si la materia fuese eterna ya no quedaría potasio-40, ni rubidio-87, ni uranio-235, pues ya se habrían transformado en argón-40, estroncio-87 y plomo-207 respectivamente. Por el punto de desintegración de los cuerpos radiactivos podemos afirmar que la materia no es eterna, pues si la materia fuese eterna ya se habrían transformado totalmente. Si hoy queda en el mundo potasio y uranio radiactivos es porque todavía no han transcurrido los miles de años necesarios para que se transformen en argón y plomo respectivamente y, por tanto, no pueden ser eternos. De este modo, la radioactividad prueba que la materia no es eterna, ya que si el uranio no hubiera tenido principio, éste no existiría sino sólo en su forma degradada: el plomo. ¡Pero aún existe el uranio radioactivo, y continúa desintegrándose en plomo!

Otro elemento clave que demuestra la no-eternidad de la materia es el hidrógeno. Como sabe cualquiera que haya estudiado un poco de química, el hidrógeno es la base de todos los demás elementos más estables que él. No se retrocede de un elemento más estable a otro menos estable. Así pues, sería imposible que el Universo sea eterno: no quedaría nada de hidrógeno. En efecto: el hidrógeno se convierte en helio en un proceso continuo e irreversible. Si esto sucediera desde toda la eternidad ya se habría gastado todo el hidrógeno que todavía se quema en las estrellas, pues la cantidad de hidrógeno del universo es limitada, y lo que se pierde ya no se repone.

Como vemos, la ciencia moderna encuentra cada día más datos que confirman que ni el cosmos ni la materia son eternos. La ley de conservación de la materia, que tantas veces esgrimen los materialistas como prueba de su eternidad, de ningún modo afirma la eternidad de la materia, sino todo lo contrario. En realidad, la ley de conservación de la materia no sólo no niega la creación, sino que la confirma totalmente. “La materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”, dice. Pero ello supone necesariamente un principio de la materia, un momento en que ha sido creada y desde el cual ha venido transformándose. La conservación del binomio materia-energía, es una ley de la naturaleza que no tiene sentido antes de la creación del cosmos. En suma, la ley de la conservación de la materia no dice que la materia no ha sido creada, sino más bien que no se crea (con lo cual elimina cualquier posibilidad de generación espontánea de la materia).

Por otro lado, es totalmente cierto que tanto la materia como la energía no se destruyen, pero sí se degradan hasta extinguirse, tal como afirma la ley de la entropía. Para entender esto primero habría que distinguir destruirse de extinguirse, bastará con un simple ejemplo: la llama de una vela no se destruye, se extingue. Yendo a la ley de la entropía, ésta afirma que la energía se conserva, pero se va degradando a medida que la entropía del sistema aumenta. Antonio Romana, en su libro “Origen del mundo ante la Ciencia y la Fe”, lo explica de la siguiente manera: “La ley de la conservación de la energía se entiende de la suma total de energía de todo orden que el cosmos encierra: mecánica, química, eléctrica, calorífica, etc. Pero la energía calorífica se llama energía degradada porque no puede transformarse íntegramente en otra energía. La energía mecánica puede transformarse enteramente en energía calorífica, pero no al revés. La energía calorífica crece continuamente en el Universo y como, en su mayor parte, no es apta para producir de nuevo un trabajo útil, resulta que la energía utilizable disminuye incesantemente. Este proceso de degradación de la energía, se llama entropía. La entropía crece sin interrupción hasta llegar a la muerte térmica del Universo”. De este modo, la ley de entropía demuestra irrefutablemente que el Universo tendrá un fin y, por tanto, que no es eterno. Y es que si el Universo debe acabar, ha debido también comenzar; porque de otro modo, si el Universo hubiera existido desde toda la eternidad, ya se hubiera transformado toda la energía y habríamos llegado ya al fin. Y no sólo eso, los científicos incluso estiman cálculos sobre el fin del Universo. Por ejemplo, Paul Davies, profesor de Matemáticas del King´s College de Londres, dice que “el fin del cosmos se calcula para dentro de cien mil millones de años”. Así pues, ni el Universo ni la materia pueden ser eternos ya que, tal como dice Arthur Eddington en su libro “The Nature of the Physical World”, uno sólo es el destino del Universo: su muerte térmica. 

jueves, 5 de enero de 2012

FILOSOFÍA: ¿Es eterna la materia? (Parte II): La imposibilidad filosófica de la eternidad de la materia

Como hemos visto, el dogma de fe materialista, la eternidad de la materia, no se basa en convicciones racionales; pero no sólo eso: resulta en sí mismo irracional. La eternidad de la materia es filosóficamente imposible, no se puede demostrar porque es un absurdo. En efecto: si la materia en evolución fuese eterna, ello querría decir que ha pasado por una serie infinita de procesos sucesivos. Pero, siendo el tiempo la duración del movimiento, si el movimiento de la materia fuese eterno también habría del serlo el tiempo, lo cual es absurdo, imposible. Es decir: si la materia ha existido desde siempre, ¿no sería verdad que habría también un pasado infinito en que también existió? Entonces, desde ese pasado infinito en que ha existido la materia hasta este momento (sí, ahorita que estás leyendo) habría transcurrido un infinito tiempo.

Pero, ¿es posible que transcurra un infinito tiempo? Un tiempo infinito que ha transcurrido es un tiempo infinito que ha terminado pues lo pasado es lo que ha terminado. Pero, ¿no es acaso lo infinito, lo eterno, aquello que no termina?, ¿cómo puede haber un infinito terminado, un eterno ya pasado? Así pues, el afirmar la eternidad de la materia implica necesariamente el afirmar la eternidad del tiempo, ya que el tiempo es determinado por la duración del movimiento, lo cual es absurdo y contradictorio a todas luces: un infinito que ha terminado es un infinito no-infinito. En otras palabras: para que el presente sea presente, ha transcurrido determinado tiempo. Si este determinado tiempo es infinito, tuvo que haber transcurrido infinito tiempo para llegar al presente. Pero no es posible que transcurra infinito tiempo: nunca habríamos alcanzado el presente, así como no es posible alcanzar el horizonte.

Otra forma de plantear el mismo argumento es en base al movimiento: si la materia se encuentra en eterno movimiento, en eterno cambio; entonces no podría existir en su estado actual ya que para ello tendría que haber pasado por una infinita serie de cambios y transformaciones, lo cual no es posible ya que si el principio del movimiento fuera indefinido, nada podría moverse. Pero la materia existe en su estado actual y resulta evidente que las cosas se mueven. Luego, el movimiento de la materia no puede ser eterno.