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martes, 9 de marzo de 2010

ECONOMÍA: La doctrina del marxismo (Parte XII): La sociedad comunista


* La presente es una exposición sucinta de la teoría marxista para sustentar futuros análisis y críticas al respecto, a los que agradeceré mucho contribuyan los lectores.


En el momento en que todos los medios de producción pasen a ser de propiedad del Estado, se llevará a cabo una nueva transición puesto que el Estado se hará innecesario, dado que ya no habrá explotación del hombre por el hombre, ni existirán los elementos de subordinación y privilegio entre las clases. Marx, nos describe esto en su Crítica al Programa de Gotha (1875):

“En una fase superior de la sociedad comunista, después de desparecida la servil subordinación de los individuos a la división del trabajo, para que también desaparezca el contraste entre trabajo físico y trabajo mental; después de que el trabajo no solo se haya convertido en medio de vida sino incluso la primera necesidad de vida; después de que paralelamente el desarrollo general de los individuos hayan crecido también sus fuerzas productivas y las fuentes de riqueza corporativa fluyan en abundancia; solo entonces podrá cruzarse el estrecho horizonte legal burgués y la sociedad podrá inscribir en sus banderas la consigna: De cada cual según sus capacidades y a cada cual según sus necesidades”.

Al ser el Estado un instrumento de dominación de clase, ante la desaparición de estas últimas y por ende del antagonismo que se suscitaba anteriormente a la dictadura del proletariado y los fenómenos de dominación, pierde su razón de ser y por tanto debe desaparecer. Dicha circunstancia crea un nuevo tipo de sociedad donde se encuentra ausente el Estado, desapareciendo por ende todos los componentes de la sociedad capitalista.

Así, después de un tiempo, cuya duración jamás a precisado Marx, terminará la dictadura del proletariado y se realizará la fase suprema de la evolución de la historia: el comunismo. Entonces nacerá una nueva sociedad de hombres buenos y felices, donde no existen las clases ni el Estado. El hombre ya no estará enajenado sino que se recuperará a sí mismo. En la sociedad comunista habrá desaparecido totalmente la enajenación.

miércoles, 17 de febrero de 2010

ECONOMÍA: La doctrina del marxismo (Parte VI): Rechazo a la religión*


* La presente es una exposición sucinta de la teoría marxista para sustentar futuros análisis y críticas al respecto, a los que agradeceré mucho contribuyan los lectores.


“Yo quiero vengarme de aquel que reina por encima de nosotros (...) Yo lanzaré mi guante a la faz del mundo y me esforzaré por hundir a ese gigante pigmeo”. Estas palabras lanzadas contra Dios pertenecen al joven Marx en sus años de Universidad. Marx tomó de Feuerbach el materialismo y el ateísmo. Al igual que él, sostenía que la negación de Dios era indispensable para la construcción de un verdadero humanismo, puesto que Dios no era más que un ser ilusorio, fruto de la alineación del hombre.

De este modo fundamenta su crítica a la religión: es el hombre el que hace la religión y no la religión la que hace al hombre. Ésta no es más que la realización fantástica del hombre alienado, constituyéndose como una “alienación de segundo grado” consecuencia de la alineación económica. En palabras de Marx:

“La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra ella. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación sin espíritu. La religión es el opio del pueblo” (Karl Marx, Crítica a la filosofía del derecho de Hegel, introducción).

La religión es efecto de la estructura social injusta y al mismo tiempo la causa que refuerza esa injusticia, sacralizando los valores del servicio, sacrificio, humildad y paciencia en el “valle de lágrimas” del mundo. En cuanto “opio del pueblo” la religión lo adormece y lo hace soñar con un ilusorio más allá, distrayéndolo de la miseria real que vive en el más acá e imposibilitando la transformación de su realidad, lo cual sólo será posible si es que aúna sus fuerzas y revoluciona la estructura social del mundo real. Así “la abolición de la religión como felicidad ilusoria del pueblo, es la exigencia para su felicidad real” (Karl Marx, Crítica a la filosofía del derecho de Hegel, introducción). En consecuencia, la religión ha de ser totalmente eliminada de la sociedad comunista, ya que su único papel es consagrar la opresión y explotación y en la sociedad comunista el hombre es libre. Sólo ahogando las manifestaciones de la religión se completa la liberación del hombre, pues se lo libera de las cadenas a las que se ve atado por esta visión deformada del mundo y las cosas.

miércoles, 10 de febrero de 2010

ECONOMÍA: La doctrina del marxismo (Parte I): Su concepción del hombre

* La presente es una exposición sucinta de la teoría marxista para sustentar futuros análisis y críticas al respecto, a los que agradeceré mucho contribuyan los lectores.

Para Marx el hombre es ante todo su trabajo, un productor social de sus medios de subsistencia. Por su acción sobre el mundo exterior, la naturaleza y la sociedad, el hombre modifica continuamente su propia naturaleza. Criatura maleable, el hombre se modifica con la historia. No posee un ser real o verdadero sino que es un mero devenir de las condiciones materiales de su existencia. “La esencia humana no tiene realidad alguna verdadera” (Karl Marx, Crítica a la filosofía del derecho de Hegel, introducción) dice contundentemente Marx.

En la misma línea y fiel a su materialismo, el marxismo niega la primacía del espíritu. Éste no es más que un producto de la materia, la cual lo engendra, mueve y dirige. Sin la materia el espíritu. El pensamiento y la conciencia no son más que un subproducto de la materia en eterna evolución, en eterno movimiento. “La materia en su ciclo eterno se mueve según sus leyes que, en un alto grado determinado, tan pronto aquí, tan pronto allá, producen en la sustancia orgánica el espíritu pensante”, escribe Engels (Citado por Maurice Fraigneux, Comunismo, mística inhumana, Ed. Atenas, Madrid, 1952, p.161).

El hombre no existe como persona o individuo sino sólo como ser social. Está formado por la sociedad y depende enteramente de ella. “El hombre es el mundo del hombre: Estado, sociedad” (Karl Marx, Crítica a la filosofía del derecho de Hegel, introducción). La sociedad es anterior a él. Lo forma y moldea. Su conciencia no le pertenece esencialmente a sí mismo sino que es fruto de la vida en común. Sea que piense, actúe o hable, sus impulsiones más originales no salen de lo profundo de su ser, sino que responden a la clase social a la que pertenece. “No es su conciencia la que determina su ser social sino que es su ser social el que determina su conciencia” (Karl Marx, Contribución a la crítica de la Economía Política, prólogo).

Pero el hombre está a su vez enajenado, es decir, se ve sometido a los productos de su propia creación en un sistema de producción ajeno a él y que no controla conscientemente. “La desvalorización del mundo humano crece en relación directa a la valorización del mundo de las cosas” nos dice Marx (Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos, Madrid, 1970, p.105). Pero, ¿cómo es que se enajena el hombre? El hombre se enajena en el trabajo. Su trabajo es algo externo a él, no pertenece a su ser. En el trabajo no se realiza, sino se degrada; no se siente feliz, sino desgraciado. Por ello es que su trabajo es pesado y forzoso. Dada la propiedad privada de producción cuando el hombre trabaja lo único que hace es enajenarse pues su trabajo no le pertenece a él, sino a otro.