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sábado, 23 de octubre de 2010

RELIGIÓN: Crítica a la crítica de Marx a la religión: El fantasma de la religión

En filosofía objetividad se define como aquella actitud intelectual que busca dirigirse al objeto en sí en vez de quedarse en las formas de pensar o sentir del sujeto. Partiendo de esta definición podríamos decir que la crítica de Marx a la religión es todo menos objetiva. Toda su rabia no está dirigida contra la religión en sí sino contra lo que él cree que es la religión, contra un fantasma que él mismo ha creado.

El ateísmo de Marx es consecuencia de su materialismo y no al revés. En la construcción de su filosofía materialista, al igual que Demócrito, se topa con el problema de Dios: si toda la vida tiene una explicación exclusivamente material, ¿qué lugar ocupa Dios en la vida del hombre? Pero no se detiene en la cuestión. Cuando una pared estorba la echa abajo y sigue su camino. No toma al ateísmo como consecuencia de una demostración: es el presupuesto del que hay que partir. De este modo, el sistema marxista se constituye desde su base como una filosofía profundamente antirreligiosa: “La filosofía no se esconde. Hace suya la profesión de fe de Prometeo: Odio a todos los dioses. Esta profesión de fe es su propia divisa que opone a todos los dioses del cielo y de la tierra que no reconocen como divinidad suprema la conciencia que el hombre tiene de sí” (Karl Marx, “Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro”, 1841, prefacio).

Pero el error garrafal que impide totalmente a Marx conocer la esencia de la religión es que la confunde con el idealismo. Se confunde Marx en no ver en el cristianismo más que vanas representaciones vacías de contenido, equivalentes a las ideas hegelianas. Olvida del todo la radical orientación del cristianismo hacia el hecho, hacia la historia, hacia el hombre de carne y hueso que sufre y vive.

Para comprender ello tenemos que remontarnos a la filosofía de Hegel pues es justamente de ella de la que Marx toma su imagen de lo que es la religión. Hay que decir que la adhesión de Hegel al cristianismo, a pesar de las bellas páginas que le dedica a Jesucristo, es del todo superficial y no tiene nada de ortodoxa. No ve en el cristianismo al hecho más extraordinario de toda la historia: que Dios se hace hombre para salvarnos, ni la más grande manifestación del amor de Dios sino sólo la manifestación de la Idea Absoluta, que sólo puede comprender la más alta de todas las filosofías: la filosofía hegeliana.  

Feuerbach, de quien Marx toma su ateísmo, parte de esta errada visión de Hegel para realizar su crítica al cristianismo. Para Feuerbach Dios no es más que una idea creada por el hombre y sobre la cual proyecta su imagen idealizada. El hombre atribuye a Dios sus cualidades y refleja en Él aquello que necesita y desea pero que no puede lograr directamente por sí mismo. Así, la religión nace de la alineación humana y Dios surge como producto de la necesidad que tiene el hombre de un Ser Superior.

La teoría subjetivista de Feuerbach puede enseñarnos cosas interesantes sobre la naturaleza humana, pero no explica satisfactoriamente el origen de la religión o de dónde proviene ese profundo deseo que tiene el hombre de conocer y relacionarse con un Dios. Puede ser que el hombre tenga en sí una idea abstracta de lo que es Dios y proyecte cualidades sobre Él, pero de ahí no se sigue que no exista ningún ser objetivo independiente de nuestro pensamiento y que es Dios. Cuando Feuerbach observa la necesidad que el hombre tiene de Dios ve una causa donde en verdad hay un efecto, una mera idea donde en verdad hay un profundo hecho. El deseo que el hombre tiene de Dios viene del hecho de que procede de Él y comparte su espíritu, de modo que aunque existe como un ser del mundo material tiene impulsos trascendentes hacia lo espiritual. De este modo, cuando el hombre se une e identifica con Dios no se empobrece, como pensaría Feuerbach, sino que se engrandece, pues está realizando plenamente su esencia.

Por lo tanto, tanto la “demostración” de Marx como la de Feuerbach nada demuestran pues están dirigidas hacia un fantasma de religión. Y es que a esta no se la puede estudiar de una manera puramente externa y superficial, separando algunas de sus afirmaciones para presentarlas como sus únicos fundamentos y tergiversando los hechos. Dos errores no hacen un acierto y el que cierto grupo de cristianos (los burgueses) deformen los fundamentos de la religión en función de sus intereses en nada altera la verdad esencial de la religión, verdad de la cual ellos son infieles depositarios. 

miércoles, 17 de febrero de 2010

ECONOMÍA: La doctrina del marxismo (Parte VI): Rechazo a la religión*


* La presente es una exposición sucinta de la teoría marxista para sustentar futuros análisis y críticas al respecto, a los que agradeceré mucho contribuyan los lectores.


“Yo quiero vengarme de aquel que reina por encima de nosotros (...) Yo lanzaré mi guante a la faz del mundo y me esforzaré por hundir a ese gigante pigmeo”. Estas palabras lanzadas contra Dios pertenecen al joven Marx en sus años de Universidad. Marx tomó de Feuerbach el materialismo y el ateísmo. Al igual que él, sostenía que la negación de Dios era indispensable para la construcción de un verdadero humanismo, puesto que Dios no era más que un ser ilusorio, fruto de la alineación del hombre.

De este modo fundamenta su crítica a la religión: es el hombre el que hace la religión y no la religión la que hace al hombre. Ésta no es más que la realización fantástica del hombre alienado, constituyéndose como una “alienación de segundo grado” consecuencia de la alineación económica. En palabras de Marx:

“La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra ella. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación sin espíritu. La religión es el opio del pueblo” (Karl Marx, Crítica a la filosofía del derecho de Hegel, introducción).

La religión es efecto de la estructura social injusta y al mismo tiempo la causa que refuerza esa injusticia, sacralizando los valores del servicio, sacrificio, humildad y paciencia en el “valle de lágrimas” del mundo. En cuanto “opio del pueblo” la religión lo adormece y lo hace soñar con un ilusorio más allá, distrayéndolo de la miseria real que vive en el más acá e imposibilitando la transformación de su realidad, lo cual sólo será posible si es que aúna sus fuerzas y revoluciona la estructura social del mundo real. Así “la abolición de la religión como felicidad ilusoria del pueblo, es la exigencia para su felicidad real” (Karl Marx, Crítica a la filosofía del derecho de Hegel, introducción). En consecuencia, la religión ha de ser totalmente eliminada de la sociedad comunista, ya que su único papel es consagrar la opresión y explotación y en la sociedad comunista el hombre es libre. Sólo ahogando las manifestaciones de la religión se completa la liberación del hombre, pues se lo libera de las cadenas a las que se ve atado por esta visión deformada del mundo y las cosas.

ECONOMÍA: La doctrina del marxismo (Parte V): Concepción del Estado*


* La presente es una exposición sucinta de la teoría marxista para sustentar futuros análisis y críticas al respecto, a los que agradeceré mucho contribuyan los lectores.

Los planteamientos esbozados anteriormente, constituyen los presupuestos requeridos para la generación de un enfrentamiento entre la clase propietaria de los medios de producción y los desposeídos. Este enfrentamiento que Marx llama lucha de clases es lo que constituye el motor de la historia. Se lee en el Manifiesto Comunista (1848):

“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es la historia de la lucha de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, siempre frente a frente, empeñados en una lucha incesante, velada unas veces, abierta y franca otras, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases antagónicas”.

Dichas clases antagonistas nacen a partir del modo de producción en el cual se desenvuelvan. Así como en el sistema de producción feudal, las clases antagonistas son los señores feudales y los vasallos, en el sistema capitalista, son la burguesía y el proletariado, quienes representan la lucha de contrarios.

De este modo en la sociedad presente la burguesía es la clase de quienes poseen los medios fundamentales de producción y vive a expensas del trabajo asalariado de los obreros. Es la clase dominante de la sociedad capitalista. A medida en que el capitalismo avanza aumenta la riqueza de los grandes capitalistas, y a la vez crece la opresión y la rebeldía de la clase obrera.

sábado, 13 de febrero de 2010

ECONOMÍA: La doctrina del marxismo (Parte IV): La lucha de clases *


* La presente es una exposición sucinta de la teoría marxista para sustentar futuros análisis y críticas al respecto, a los que agradeceré mucho contribuyan los lectores.


De acuerdo con lo expuesto el Estado se constituye como un elemento más de la superestructura de la sociedad fundada sobre la base constituida a partir de las relaciones sociales de producción. Pero para el marxismo es aún más que eso. En una sociedad donde existe propiedad privada de los medios de producción, en la cual se generan las distintas formas de desigualdad social, a favor de una minoría y contra una mayoría, no puede concebirse al Estado más que como a un instrumento de dominación de clase.

El Estado nace como fruto del antagonismo de las clases, como un instrumento para mantener las condiciones generales de la producción a favor de la opresión violenta del pueblo trabajador y en aras de lograr la salvaguarda de los intereses de la minoría explotadora. Fiel al espíritu del marxismo escribe Lenin:

“El Estado es el producto y la manifestación de los antagonismo de clases inconciliables. El Estado surge allí en el momento y en la medida en que, objetivamente, las contradicciones de clases no pueden ser conciliadas. Y a la inversa: la existencia del Estado prueba que los antagonismos de clases son inconciliables” (Citado por Maurice Fraigneux, “Comunismo, mística inhumana”, Ed. Atenas, Madrid, 1952, p.274).

El Estado se identifica con el aparato o conjunto de aparatos de los que se vale la clase dominante para mantener su dominio. “El poder político, propiamente hablando, es la violencia organizada de una clase para la opresión de otra”, nos dicen Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. De ahí se sigue que el fin del Estado no es un fin benévolo como la justicia, la libertad o el bienestar general, sino pura y simplemente el interés específico de una determinada clase social. El Estado no sirve a la sociedad en su conjunto; favorece a unos, aplasta a los otros. Kosntantinov, uno de los más prominentes teóricos marxistas, nos dice: “El Estado representa la organización de clase de poder político que defiende y afianza los pilares en que se asienta el dominio sobre de tal o cual gendarmería. Dispone de ciertos órganos de poder (el ejército, la policía, los jueces, las cárceles, etc) para asegurar el dominio político de la clase que domina económicamente y para aplastar la resistencia de las demás clases”.

miércoles, 10 de febrero de 2010

ECONOMÍA: La doctrina del marxismo (Parte II): Primacía de lo económico*

* La presente es una exposición sucinta de la teoría marxista para sustentar futuros análisis y críticas al respecto, a los que agradeceré mucho contribuyan los lectores.

Para Marx el hombre es ante todo su trabajo, un productor social de sus medios de subsistencia. En la producción social establece relaciones sociales cuya forma vendrá determinada por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas. Estas relaciones sociales constituyen la infraestructura económica, sobre la que se levanta toda la superestructura de instituciones políticas y jurídicas, de ideas y modos de pensar, que reflejan, en última instancia, la estructura económica existente. En palabras de Marx:

“En la producción social los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes a su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general”. (Karl Marx, Contribución a la crítica de la Economía Política, 1859, prólogo)

El factor fundamental y determinante de todas las sociedades es el modo de producción Todos los cambios importantes en la cultura de un período (su política, ética, religión, filosofía y arte) se explican nada más que en función de cambios en la infraestructura económica. Hay una absoluta primacía del factor económico a tal punto que no es el hombre el que orienta y dirige la producción sino que “es la producción y sus relaciones, creación humana, las rigen al hombre, en lugar de estar subordinadas a él”. (Karl Marx, El Capital, Editors S.A., Barcelona, p.21.)